“Mágico González”, el ídolo cadista

Cádiz es conocida sobre todo por su larga e influyente historia, una de las ciudades más antiguas de Europa occidental y con restos arqueológicos datados en 3.100 años, no sólo en el ámbito nacional, sino también por su importancia en procesos como las Guerras Púnicas, la romanización de Iberia, el descubrimiento y conquista de América o la instauración del régimen liberal en España con su primera constitución.

El Cádiz, C.F. es el equipo de la ciudad, club fundado en 1910 y que cuenta con 12 temporadas disputadas en Primera División y 37 en Segunda División. La época más recordada por la fiel hinchada cadista es la de los años en Primera División en las que vistió la zamarra amarilla un jugador salvadoreño de costumbres peculiares, tanto dentro como fuera de la cancha.

Escudo Cádiz CF

Si a alguien en Cádiz se le preguntara por Jorge Alberto González Barillas, muy pocos sabrían decir quién está detrás de ese nombre, sin embargo, su nombre futbolístico, “Mágico González”, está grabado a fuego en la memoria del sufrido hincha “amarillo”. “Mágico González” es toda una leyenda en “La Tacita de Plata”.

Su debut con la camiseta cadista se produjo en un amistoso ante La Barca en Vejer, y posteriormente, la fecha del 11 de septiembre de 1982, pasaría a la historia del cadismo como el primer día que jugó “Mágico” un partido oficial con la elástica amarilla. Fue en el estadio de Carranza frente al R. Murcia, encuentro que acabó en empate a uno. “Mágico” era uno de los pocos jugadores que se salía de la estricta política de austeridad marcada por Irigoyen (el presidente del club en aquellos años), y gracias a la cual se produjeron aquellos años los mejores talentos futbolísticos salidos de la cantera cadista. Sin embargo, “Mágico” también tenía otro lado, y era su poco apego a la disciplina.

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Tanto era así, que junto con él vinieron a Cádiz, Manuel Armando Monedero (dirigente de su anterior club, el FAS) y Jose Ramón Flores, de la Federación Salvadoreña, para intentar meter en cintura al futbolista. Esa sería la constante durante su carrera: alternaba grandes tardes de fútbol con ausencias en los entrenamientos (el club llegó a asignar a un empleado la tarea de ir a despertarlo todas las mañanas) y juergas nocturnas que acababan de día.

En su primera temporada de amarillo ya dejó muestras del inmenso jugador que era, y se metió para siempre a la afición en el bolsillo. Aquella primera temporada fue posiblemente la mejor de cuantas jugó “Mágico” en Cádiz: marcó 14 goles, algunos de ellos decisivos para poder celebrar el tercer ascenso del Cádiz a la máxima categoría. Milosevic (el entrenador del club entonces), que fue como un padre para él, supo entenderlo y sacar lo mejor de él.

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Al año siguiente, en Primera, pese a que el Cádiz sólo pudo obtener seis victorias en la temporada, Mágico continuó mostrándose como un jugador de una talla excepcional. Esta fue la temporada de su consagración en España. Sin embargo, “Mágico” se sacó una jugada espectacular en la que pisando el balón, arrancando y frenando, y haciendo mil diabluras, dejó por los suelos a defensas de la talla de Migueli y Alexanco (ambos jugadores del F.C. Barcelona), para terminar marcando un gol que aún se recuerda en el feudo barcelonista. Fue uno de los 14 tantos que marcó “Mágico” aquella temporada, un registro sorprendente para el jugador de un equipo que terminaría descendiendo (quedó a tan sólo tres goles de Da Silva del R. Valladolid y del mítico, para los madridistas, Juanito, los pichichis de aquella temporada).

Aquella temporada, sin embargo, se produjo un hecho que marcaría su trayectoria. Ante la mala racha del equipo, Irigoyen (el presidente cadista) decidió cesar a Milosevic (el hasta entonces entrenador), que fue reemplazado por Benito Joanet. El técnico catalán era de carácter mucho más serio, y no tragó con las irregularidades de “Mágico”, que ni él mismo ocultaba, como declaró a un periódico local: “Reconozco que no soy un santo, que me gusta la noche y que las ganas de juerga no me las quita ni mi madre. Sé que soy un irresponsable y un mal profesional, y puede que esté desaprovechando la oportunidad de mi vida. Lo sé, pero tengo una tontería en el coco: no me gusta tomarme el fútbol como un trabajo. Si lo hiciera no sería yo. Sólo juego por divertirme”. Está todo dicho.

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Joanet e Irigoyen decidieron que abandonara el club. El técnico llegó a poner al club en la tesitura de tener que elegir entre futbolista o entrenador. El destino fue el Valladolid, que se arriesgó con él en el mercado invernal de la temporada 84-85, y que intentó recuperarlo como profesional. La temporada 85-86 se la pasó totalmente en blanco, con intentos de jugar en México y en Estados Unidos, pero sin ningún éxito. Y así, en septiembre de 1986, al comienzo de la nueva temporada, y a pesar de que Irigoyen había declarado que jamás volvería a vestir la camiseta amarilla, el presidente tuvo que ceder a los deseos de la afición cadista.

Esta fue la temporada de la liguilla por el descenso; los seis últimos equipos disputaron una liguilla para decidir las tres plazas iniciales de descenso. Por una decisión tomada tras la competición los tres últimos tras la segunda fase jugaron una promoción entre ellos para decidir una sola plaza de descenso pues se decidió ampliar la Primera División al año siguiente a 20 equipos. Este sistema de competición no fue utilizado nunca más.

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En esta temporada, tanto Manolo Cardo, como Milosevic, como David Vidal contaron con él regularmente, y pese a que no tuvo el acierto goleador de anteriores ocasiones, fue nuevamente uno de los futbolistas más importantes para conseguir aquella permanencia imposible. Para la temporada 87-88 Irigoyen fichó a Víctor Espárrago, que fue el entrenador que consiguió la mejor clasificación para el Cádiz en toda su historia.

El técnico charrúa, con su característica psicología que abogaba por comprender y dirigir al vestuario, sin broncas y grandes escándalos, supo tratar al genial jugador, y equilibrar su arte con el balón con sus salidas de tono fuera del verde. “Mágico” brilló otra vez con luz propia, consiguiendo diez tantos para su equipo.

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El éxito de Espárrago le catapultó al Valencia, por lo que Irigoyen tuvo que buscar un nuevo técnico para la campaña 88-89. Se decidió ascender del filial a David Vidal, que ya había dirigido al primer equipo el año de la liguilla de la muerte. El gallego fue seguramente el técnico que mejor supo llevarse con “el Mago”, con las que alternaba una de cal y otra de arena. Contaba con él casi siempre, pero a la vez, ejercía de padre y casi de guardaespaldas, saliendo a buscarlo por la noche gaditana, mientras “Mágico” intentaba zafarse de la vigilancia igual que sobre el campo se libraba de los defensas contrarios.

En julio de 1989 tuvo lugar un hecho que marcaría a “Mágico” para siempre, y que supuso el principio del fin del genio. Fue acusado de violación. Aunque fue absuelto en el juicio, aquello hizo mella en el futbolista, que ya no sería el mismo en las dos siguientes temporadas. Eso, y la muerte de su amigo Camarón comenzaron lo inevitable: la luz de la estrella empezaba a apagarse.

Brigadas Amarillas Sección Mágico

De hecho, en sus dos últimas temporadas como jugador amarillo, sólo jugó 22 partidos y anotó tres tantos. De esta manera, el 6 de junio de 1991, se marchaba de vuelta a su país. El Cádiz estaba inmerso en plena salvación milagrosa (victoria agónica frente al R. Zaragoza y posterior promoción ante el Málaga), y la despedida de “Mágico” quedó relegada a un segundo plano. Aún así “el Mago” no quiso irse sin dejar un buen regalo: Kiko (que por entonces era sólo “Quico”) aprendió con él muchas de las cosas que luego ayudaron al Cádiz tiempo después.

Esta es la historia del paso de “Mágico González” por la disciplina del Cádiz, C.F. Un jugador legendario para toda la hinchada cadista, para toda la afición del verdadero “Submarino amarillo” (uno de los apodos del equipo, por mucho que la mayoría de la prensa se empeñe en llamar así a otro club), un futbolista, “Mágico González”, que fue admirado por todos los estamentos del Cádiz, C.F., incluído el grupo ultra histórico del equipo; las “Brigadas Amarillas” (fundadas en 1982), las cuales llegaron a tener la “Sección Mágico” en honor al jugador salvadoreño, el cual siempre quedará en la memoria del hincha cadista.

Vídeo-homenaje a “Mágico González”, en los años en que vistió la zamarra amarilla del Cádiz, C.F.;

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Un comentario en ““Mágico González”, el ídolo cadista

  1. Mis primeros recuerdos del Cádiz coinciden con las últimas temporadas de Mágico en el equipo… Mítico y entrañable conjunto que siempre conseguía la permanencia en los último partidos, cuando parecía casi deshauciado, con el inefable David Vidal en el banquillo.

    Y coincidiendo, como comentas, con la mejor generación de canteranos cadistas: Barla, Quevedo, Arteaga, Kiko Narváez… Pero también, por supuesto, con la veteranía y experiencia del inolvidable Beckenbauer de la Bahía, el enorme Carmelo.

    Qué grandes tiempos aquellos… Antes de que la ley Bosman, la corrección política y la fatuidad posmoderna asesinaran al fútbol, cuando había jugadores con bigote y no asientos en los fondos.

    Violencia, no; Gala del Balón de Oro, tampoco.

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