“La Primera Delantera Eléctrica”, el R. Oviedo de los primeros años 30

Hace unos días este blog cumplía su primer año de vida, que mejor homenaje que dedicar esta entrada a nuestro equipo, a nuestra ciudad. Esta es la historia de uno de los mejores equipos que ha habido en Oviedo, en Asturias y en España; “La Primera Delantera Eléctrica” del R.Oviedo.

Oviedo, es la capital de Asturias. Teniendo en la actualidad 225.000 habitantes dentro de su concejo. Su origen se remonta a la Alta Edad Media (siglo VIII), o incluso antes. Asimismo es un concejo asturiano cuya capital es la ciudad del mismo nombre, Oviedo, y una parroquia de dicho concejo, que comprende a Oviedo capital. La historia milenaria de la ciudad de Oviedo está ligada a su papel de capital de Asturias: primero del Reino Astur, y después del Principado, más tarde de la provincia y, finalmente, de la Autonomía. La historia de la ciudad de Oviedo es la de un cruce de caminos, la de un punto clave en la historia del norte de la Península y de la Europa medieval. El Camino de Santiago y la Ruta de la Plata tienen en Oviedo un jalón capital de ambas rutas que contemplan ya una historia milenaria.

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La historia del fútbol en la ciudad de Oviedo comienza como la de muchos otros sitios: con el retorno de estudiantes de clases adineradas que cursaban sus estudios en Inglaterra, donde habían practicado un novedoso juego de equipo llamado “foot-ball”. En 1903, se forman los primeros equipos que juegan partidos de exhibición en el Campo de Maniobras de Llamaquique ante otros clubes de Gijón y Avilés. Pero estos equipos no pasarán de ahí.

El primer equipo representativo de la ciudad se funda en 1914: el Real Stadium Club Ovetense. En 1919 se funda el segundo club de la ciudad: el Real Club Deportivo Oviedo. Desde el comienzo, se crea una gran rivalidad en la ciudad entre este club, tenido por el club de las clases pudientes, y el Stadium Ovetense, representativo de las clases populares. A pesar de todo, el Stadium Ovetense siempre está por encima del Deportivo Oviedo. Por aquella época la principal competición futbolística española era la Copa del Rey. Participaban en ella los ganadores de los campeonatos regionales, torneos que se disputaban previamente, entre ellos el Campeonato Regional de Asturias. El primer gran triunfo llega de la mano del Stadium que, en 1925, consigue proclamarse campeón de Asturias y juega la Copa del Rey de 1925, donde queda apeado en cuartos de final. El siguiente año es un desastre para ambos equipos de Oviedo, por lo que rápidamente se vio la conveniencia de fusionar ambos para dar lugar a un club más poderoso.

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El gran portero del Stadium Ovetense, Óscar Álvarez, medió ante ambas directivas para conseguir llegar a un acuerdo. El 14 de marzo de 1926 se reunieron los dirigentes de ambos clubes para fijar las condiciones del acuerdo; el 26 de marzo se volvieron a reunir para dar su acuerdo final, fecha que se tiene por la de fundación del nuevo club y, finalmente, se firma el acta de fusión el 26 de abril. En estas reuniones se determinó, aparte de los estatutos del nuevo club, que el color de la camiseta sería el azul y que en el escudo figuraría la Cruz de los Ángeles, símbolos ambos de la ciudad.

El primer partido del Real Oviedo se juega en el estadio Vetusta del Stadium Ovetense (situado en el barrio de Fozaneldi) frente al Arenas Club de Guecho, uno de los equipos más fuertes del momento. El Real Oviedo perdió por 2-6. La formación del primer Real Oviedo de la historia es la que sigue: Óscar Álvarez; Comas, Trucha; Justo, Mieres, Obdulio; Tiesu, Emilio Menéndez, Ángel Avilesu, Barril y Pepín. Unos pocos años después se formaría en el histórico club carbayón la que sería una de las delanteras más conocidas del mundo balompédico español; “La Primera Delantera Eléctrica” del R. Oviedo y del fútbol español.

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Casuco, Gallart, Lángara, Galé e Inciarte. Cinco nombres propios, una delantera histórica, “La Eléctrica”, su legado: dos temporadas, 34 partidos, 101 goles. A esa leyenda le sucedería meses después una aún mayor; la de una regla mnemotécnica en forma de oración corta, de fácil recuerdo, que mayores y pequeños recitaron (y recitan muchos en la actualidad) de memoria, con pasión y orgullo, como una tradición heredada de padres a hijos. Fue la segunda versión de La Eléctrica: Casuco, Gallart, Lángara, Herrerita y Emilín. Sus méritos: dos temporadas, apenas 54 partidos y 124 goles. Ni siquiera el odio, la muerte, o la hambruna de la Guerra Civil Española pudo acabar con los recuerdos de quienes fueron testigos de una hermandad de ángeles a los que, si les paraban los pies, les salían alas. Tenían el gol inyectado en la sangre y el azul de Oviedo en las arterias.

“La Delantera Eléctrica” era el sobrenombre con el cual fue conocida la delantera de los años 30 del Real Oviedo. Por aquella época se jugaban con 5 delanteros, por lo que en aquellos tiempos las goleadas eran muy comunes. Los cinco delanteros de “La Primera Delantera Eléctrica” del Real Oviedo serían “Casuco”, Gallart, Langara, Gale e Inciarte. En dos temporadas (31-32 y 32-33) jugando 16 y 18 partidos por cada una, marcarían un total de 101 goles, quedando ambos años máximos goleadores de la liga. Decir que en la segunda temporada el Real Oviedo conseguiría el ascenso a la Primera División. De esta delantera eléctrica cabe destacar a su mayor artífice, Isidro Lángara, habiendo obtenido tres Pichichis en la máxima categoría del fútbol español, y ser uno de los tres jugadores en la historia del fútbol mundial en tener al menos un pichichi en tres ligas de distintos países, siendo estas España, Argentina y México.

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Ya en la división de honor se formaría “La Segunda Delantera Eléctrica”, que perduraría hasta el comienzo de la Guerra Civil Española. Durante las temporadas 33-34, 34-35 y 35-36, esta delantera conseguiría ser dos veces la segundo máxima goleadora de la Primera División y otra sería la máxima goleadora. En esas tres temporadas el delantero que más goles marcaría sería Isidro Lángara, habiendo marcado 81 goles en 60 partidos de liga, y con la selección española 17 en 12 partidos. El resto de componentes de “La Segunda Delantera Eléctrica” serían “Casuco”, Gallart, Herrerita y Emilin. Tras el inicio de la Guerra civil esta delantera no volvería a jugar junta.

Por último se llegaría a formar una “Tercera Delantera Eléctrica”. Esta solo duró dos años porque muchos equipos de la liga pretendían fichar a sus integrantes. En dos temporadas marcarían un total de 124 goles en 54 partidos. En una época en la que se jugaba al fútbol con cinco delanteros, era frecuente que los quintetos que alcanzaban una especial relevancia o una capacidad goleadora fuera de lo normal fuesen bautizados con apelativos de diverso tipo. Así pasarían a la historia “La Primera Delantera Histórica” del Ath. Bilbao de principios de los años 30 (también conocida como “El Ataque Mortífero”) , “Los Stukas” del Sevilla, F.C. en la postguerra o “La Delantera de Seda” del At. Madrid, por mencionar alguno de los muchos ejemplos existentes.

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El periodista “Moncho”, que firmó durante muchos años las crónicas de los oviedistas en el extinto diario La Voz de Asturias, tuvo la idea de bautizar como “La Delantera Eléctrica” la que formaron en el Real Oviedo; Casuco, Gallart, Lángara, Galé e Inciarte, la temporada del primer ascenso carbayón a Primera División y la anterior. Motivos no le faltaban cuando fueron ellos los que comenzaron a acostumbrar a la parroquia azul a las tardes de grandes goleadas en Buenavista, hasta el punto de que poco menos que se les exigía que marcasen cinco goles para poder decir que había salido “el Jorobu” (y es que el número 5 del marcador del viejo estadio de Buenavista tenía un trazo defectuoso que el ingenio popular comparó por su semejanza con la figura de una joroba).

Los cambios en la formación del quinteto en los años venideros haría que esa fuese la primera de las tres que la crítica aceptó consensuadamente. Tímidamente en Valencia intentaron apropiarse del calificativo aplicándolo al gran ataque de su equipo en los años 40 (Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostiza), pero acabaron desistiendo. La verdadera “Delantera Eléctrica” de la historia futbolística es la del Real Oviedo. Como extremo derecha jugaba Casuco. Era un asturiano que aportaba una gran rapidez al juego del equipo con sus internadas por la banda. Llegó al Oviedo al final de la temporada 1931-32 (no llegó a jugar partidos de Liga aquella campaña en la que ese puesto era ocupado por Polón) procedente del Stadium Avilesino, formó una gran pareja con su compañero en esa zona del campo, Gallart, el cual se había incorporado a la disciplina azul un año antes.

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El directivo Luis Botas se había desplazado a Barcelona para concretar el fichaje del barcelonista Sastre y al no presentarse éste a la cita convenida, cambió el objetivo y con las 45.000 pesetas que llevaba para realizar la operación, se trajo para Oviedo a los españolistas Tonijuán (que tras jugar sólo una temporada colgaría las botas de futbolista y se haría cargo del banquillo llevando al Real Oviedo a Primera División) y Gallart. Gallart era un interior derecha barcelonés de poca estatura (1,65 m.) y constante brega, que ya tenía un nombre en el fútbol español como integrante del Español de Ricardo Zamora. Incluso sabía lo que era marcarle goles al que iba a ser su nuevo compañero, el portero Óscar, pues anotó los dos de la victoria por 2-0 del Español sobre el Real Oviedo en el partido de ida de Cuartos de final de Copa disputado el 4 de mayo de 1930.

No llegó a ser internacional pese a ser convocado para el España-Yugoslavia disputado en Buenavista en 1932 y de jugar en plena Guerra Civil con una “supuesta” selección española que se enfrentó a Portugal en Vigo en noviembre de 1937 en un encuentro que no sería reconocido como oficial por la FIFA. Integró también “La Segunda Delantera Eléctrica” y hasta jugó en el Real Oviedo de la posguerra tras su cesión al Racing de Ferrol, hasta que causó baja en 1943. Su rendimiento en las nueve temporadas que vistió de azul fue extraordinario, marcando 39 goles en los 134 partidos de liga que disputó entre Primera y Segunda División (uno de ellos el primero de la historia oviedista en la máxima catgoría), al margen de los obtenidos en el torneo de Copa y en los campeonatos regionales.

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Mediada la temporada 1930-31, en diciembre de 1930, llegó a Oviedo un vasco que iba a ser considerado por muchos el mejor delantero centro mundial de la época, Isidro Lángara. Tras unos comienzos difíciles en los que la directiva presionaba para que el puesto de delantero centro lo ocupase el canario Álamo en contra del criterio del entrenador (Patricio O’Connell había descubierto en su primer entrenamiento sus grandes cualidades afirmando que se trataba “de un diamante sin pulir, una mina de oro”). O’Connell tuvo que abandonar el cargo en parte, por esa discrepancia. Pero Lángara pronto le daría la razón al entrenador, convencería a todos y se quedaría en propiedad con el puesto de ariete. Su facilidad anotadora le llevó a debutar con la Selección Española cuando todavía jugaba en Segunda División con el Oviedo. Y es que la fama que estaba alcanzando “La Delantera Eléctrica” no se veía afectada por ese motivo. Remataba desde cualquier posición, en cualquier postura y con una dureza asombrosa que causaba admiración y temor en los porteros.

El otro asturiano de la delantera era Gonzalo Díez Galé. Con 17 años ya jugaba en el Stadium Avilesino y al poco tiempo fue fichado por el R. Madrid, con quien jugó dos temporadas antes de regresar a Avilés, pues el fútbol era para él algo secundario a los estudios. Del equipo avilesino es fichado por el Oviedo, como poco después haría Casuco, donde jugaría dos temporadas (1931-32 y 1932-33), abandonando la práctica futbolística tras el ascenso oviedista para dedicarse únicamente a sus estudios. Había marcado nada menos que 17 goles en 31 partidos de Liga, lo que demuestra sus facultades goleadoras pese a jugar de interior. Las secuelas que le había dejado una lesión también influyeron en su decisión.

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Galé era un jugador eminentemente elegante. Se compenetraba de maravilla con Lángara. En abril de 1933 fue convocado y jugó dos partidos con la Selección Española en otro claro ejemplo de que la militancia oviedista en Segunda División no era obstáculo para que la calidad de lo integrantes de esta delantera de lujo fuesen reconocidos a nivel español. Fue el segundo internacional español del Oviedo. Completaba el grupo como extremo izquierda, Inciarte, un vasco que estuvo bajo la disciplina azul entre la temporada 1930-31 y la 1935-36. Bastante veloz, si hubiese que definirle con una palabra esta sería improvisación. Hasta la llegada de Casuco, disputó muchos partidos en la banda derecha. Polón era el acompañante habitual de Galé por la izquierda.

La capacidad anotadora de la “Primera Delantera Eléctrica” fue la clave para lograr el ascenso del club azul a la Primera División Española por primera vez, categoría de la cual es el Oviedo uno de los primeros veinte equipos con más temporadas disputadas, y categoría que volverá a acoger partidos en la capital asturiana en un futuro, que nadie lo dude.

Para terminar esta entrada, el siguiente vídeo de la colección de RTVE “Históricos del Balompié”, en donde se habla de la primera etapa de la historia del R.Oviedo, haciendo especial hincapié en “La Primera Delantera Eléctrica”, aquella inolvidable para la memoria de la hinchada oviedista, formada por Casuco, Gallart, Lángara, Galé e Inciarte;

“La Samp de Mantovani y Boskov”, la Sampdoria de finales de los años 80 y principios de los 90

El 12 de agosto de 1946, en el despacho genovés del notario Bruzzone, nace oficialmente la Unione Calcio Sampdoria. El nuevo club ve la luz gracias a la unión de dos sociedades deportivas de la ciudad: la Ginnastica Comunale Sampierdarenese (1891) y la Ginnastica Andrea Doria (1895). El rojo-negro de la primera y el blanco-azul de la segunda se funden en una camiseta blu con franja blanca, roja, negra y blanca. El emblema de la ciudad de Génova va cosido en el centro del pecho, nacen los colores históricos de la Sampdoria.

Desde su fundación, la Sampdoria ha conquistado un Scudetto, cuatro Copas de Italia, una supercopa italiana y una Recopa de Europa, el único trofeo internacional que posee el club. Todos estos títulos los “sampdoriani” los lograron bajo la presidencia del romano Paolo Mantovani y bajo la dirección técnica del entrenador serbio Vujadin Boskov. La edad dorada de la Samp comienza con la llegada a la presidencia en 1979 de Paolo Mantovani. Mantovani, en quince años, llevó a la Sampdoria desde la Serie B a la élite del fútbol italiano y europeo. La presidencia de Mantovani terminó en 2002.

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Paolo Mantovani, romano, en origen tifoso de la S.S. Lazio, se muda a tierras genovesas en 1955, cuando se trasladó desde las oficinas de la empresa petrolera donde trabajaba en la capital italiana, hacia la capital de la Liguria. El amor de Mantovani por la Sampdoria no florece espontáneamente, viene, paradójicamente, de una gran decepción con el eterno rival; el Genoa, C.F.C.. El magnate del petróleo romano, que había decidido vivir en Génova después de haber conocido la ciudad siendo niño, donde había sido ingresado en el Hospital Gaslini de una apendicitis, se acercó al fútbol genovés a través de los colores “rossoblù”: siendo abonado del “Grifone” durante dos temporadas. Sin embargo, algunas decisiones tomadas por la directiva del Genoa (por entonces el presidente “rossoblù” era Giacomo Berrino) hicieron que al final de la temporada Mantovani se decepcionara y decidiera dejar de seguir al Genoa, C.F.C..

Tiempo más tarde y después de unos años alejado del fútbol, cuando se había convertido en un magnate del petróleo genovés, Mantovani, decide coger las riendas de la Sampdoria el 6 de junio de 1979, con la sociedad “blucherciata” en Serie B. A partir de ese momento comienza la “refundación” del club, que bajo su presidencia llegaría a ganar el Scudetto por primera vez en su historia el 19 de mayo de 1991, y un año y un día después llegaría a jugar la final de la Copa de Europa en Wembley contra el F.C. Barcelona de Johan Cruyff como entrenador. Los años más existosos de la “Samp” coinciden bajo la presidencia de Paolo Mantovani, es por ello, que para los “tifosi blucerchiati” es su eterno presidente.

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En la década de los años 80, bajo el umbral del Calcio de la Juve y de la Roma con sus Platini, Conti, Falcao, Rossi y Antongoni, se alimentaban los sueños de grandeza de tres modestos, Nápoles, Hellas Verona y Sampdoria. Los primeros, guiados por la mayor individualidad del decenio, y los otros dos, compañeros de fatiga en Serie B, forjaron la leyenda de aquellos que en cuestión de años, pasaron de la agonía a la gloria.

Tras varios años bordeando el peligro del descenso, la Sampdoria, se había instalado definitivamente en la Serie B del Calcio. Creada en 1946, producto de la unión de dos equipos modestos de Génova, Sampierdarenese y Andrea Doria, la “Samp”, había vivido a la sombra del equipo que le daba nombre a la ciudad, el Genoa, quien presumía de ser el primer campeón italiano de la historia y donde se concentraban los poderes deportivos y sociales de la capital de la Liguria. Desde su creación, la Sampdoria, se había consolidado como un equipo de media tabla en Serie A, sin opciones reales de éxito y varios descensos a sus espaldas, pero la situación en 1979 seguía una deriva muy peligrosa para un club, acuciado por problemas económicos y deportivos.

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Dos años antes, en 1977, la squadra “bluecerchiata”, había bajado al pozo de la Serie B italiana, y lo que en principio se advertía como una breve estancia, se estaba convirtiendo en el lugar natural para un equipo donde no se vislumbraban posibilidades de ascenso.  Sin embargo, en la historia de aquel modesto club genovés, siempre habrá un lugar para el año 1979. Paolo Mantovani, compra el club en ese mismo año, y a partir de ese momento, todo serían buenas noticias para quienes en poco más de una década pasarían del infierno de la Serie B, al reinado del fútbol italiano. El equipo con el cual se encuentra Mantovani a su llegada, es aquel donde destacan, dos nombres por encima de todos. Claudio Garella, un pesado guardameta que  posteriormente ganaría Scudettos con Hellas Verona y Nápoles, y un central sólido y de buena planta llamado Marcello Lippi, el mismo que triunfaría dirigiendo a la Juventus y a la Selección Italiana.

A pesar de no conseguir el ascenso de categoría, durante los años en Serie B, no todo eran malas noticias, y ante la situación económica del club, los fichajes fueron futbolistas jóvenes, desconocidos y procedentes de clubs modestos. Uno de ellos, un central impetuoso y elegante llamado Luca Pellegrini,  llegó procedente del Varese para convertirse en la primera pieza de la “Samp” triunfante de años venideros.Tras cuatro años en el pozo, el proyecto comenzado por Mantovani en 1979, comenzaba a dar sus frutos. Renzo Ulivieri, un polifacético entrenador sin mucha experiencia en los banquillos, excepto algún modesto como el Perugia y Vicenza, y que en un futuro sería conocido por su labor política, dirigía a una Sampdoria que en 1982, acompañada por el Hellas Verona, regresaba a una Serie A que recibía la visita de dos invitados que se convertirían en una piedra en el zapato de las grandes potencias del Calcio.

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La idea de Mantovani en el regreso a Serie A, no fue otra, que fichar dos extranjeros experimentados y de nivel con el objetivo de ilusionar a los “tifosi blucerchiati” y guiar a los jóvenes refuerzos que llegaban a su alrededor. Liam Brady, el gran futbolista irlandés de la época, un medio creativo y elegante, procedente de la Juventus, con quien había ganado dos Scudettos consecutivos, pero que había sido perjudicado por la llegada de Platini y el talentoso atacante inglés Trevor Francis procedente del Manchester City y héroe del Nottingham Forest, bicampeón de Europa, eran los elegidos para liderar el regreso genovés a Serie A.

Junto a ellos, llegó un joven de apenas diecisiete años, llamado Roberto Mancini, procedente del Bolonia y que debía aportar gol y frescura al ataque de la “Samp”.Durante las dos primeras temporadas en el regreso a Serie A, la Sampdoria se asentaba cómodamente en la parte alta del campeonato. Renzo Ullivieri, un entrenador de transición en un equipo a la espera de nuevos retos, confeccionaba un grupo donde todos los años se incorporaban futbolistas jóvenes y hambrientos de éxito, como el central Vierchowod procedente de la Roma y el medio defensivo Pari, del Parma. Pieza a pieza, la Sampdoria, con paciencia y acierto, formaba un puzzle con diseño de Scudetto.

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Los éxitos, comenzaban a sobrevolar Marassi y en 1985, llegaría el primer título de la historia del club y el comienzo de un carrusel de triunfos que tendrían su punto culminante seis años después. Moreno Mannini, un defensa marcador procedente del Como, Fausto Salsano, un dinámico centrocampista desde el Parma y el atacante de la selección sub 21 italiana, Gianluca Vialli del Cremonese, fueron las caras nuevas. Sin embargo, el nombre estrella de los llegados en la campaña 84-85 a Génova, no era otro que Graemme Souness. El escocés, procedente del Liverpool, con quien como capitán había conquistado la Copa de Europa meses antes en Roma, era testosterona, dureza y calidad en un mismo cóctel, algo que le venía de perlas en el Calcio de la época. Su fichaje venía a suplir en la organización, a Brady que había fichado por el Inter.

Todos estos futbolistas, aumentaban considerablemente el nivel de una plantilla, cada vez más cerca de los grandes. El mismo año que el Hellas Verona, se proclamaba campeón del Scudetto, la Sampdoria compañera de sufrimientos en Serie B y alegrías de ascenso a Serie A, lo hacía de la Coppa de Italia. El Milán pre-Berlusconi, que se encontraba en período de transición tras sus descensos de categoría fue el rival en una final, por aquella época a doble partido. Era un Milán, en el que ya estaban algunos futbolistas que lo harían el mejor de Europa en años posteriores. Tassotti y Baresi en defensa y Evani como interior izquierdo eran algunos de ellos. A su lado el ex-romanista Di Bartolmei, el atacante Virdis y al igual que la Sampdoria, una pareja de británicos, Ray Wilkins y Mark Hateley.

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Los jóvenes veienteañeros Vialli y Mancini, o lo que es lo mismo, gol más imaginación, comenzaban a escribir su leyenda “blucerchiata” y otorgaban el primer título de la historia al club genovés. Eugenio Bersellini, el técnico puente entre Ulivieri y Boskov, dirigió la primera Samp campeona. Mantovani llegó en 1979 con el objetivo de salvar el club y devolverlo a la élite, los primeros años en Serie A, no podían ser mejores, asentados cómodamente en la parte media alta de la clasificación y campeones de Coppa de Italia, pero cuando llegó, lo hizo con el objetivo de hacer al club un grande de Italia y 1986, sería el año que marcaría definitivamente el paso de un equipo competitivo a ganador.

Vujadin Boskov, un entrenador metódico, exigente, amante del trabajo y el fútbol contragolpeador, con amplia experiencia en equipos españoles como Zaragoza, Sporting y Real Madrid, a estos últimos los hizo campeones de Liga y subcampeones de Europa con el famoso equipo de los García, llega a la Samp, procedente del Ascoli, al que había ascendido a Serie A. Sobre la figura del serbio, se diseñará el futuro campeón de Italia.Tras varios años de aprendizaje en Serie A con futbolistas británicos, de nuevo se produce un trasvase de extranjeros, esta vez son Hans Pieter Briegel, un todoterreno alemán con una musculatura propia de un atleta, y Toninho Cerezo, un organizador brasileño procedente de una Roma que se había desprendido de él por su veteranía, los que acompañan a Boskov en su nueva aventura. También llega procedente del Bolonia, un joven portero llamado Gianluca Pagliuca.

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Con Boskov, la Sampdoria se convierte definitivamente en un competidor de Milán, Nápoles, Juventus e Inter. En un Calcio, convertido en una paserela de los mejores futbolistas del mundo, donde las figuras de los grandes clubs son extranjeras, Maradona y Careca en Nápoles conformando “Il Napoli di Maradona” o Gullit y Van Basten en “El Milán de Arrigo Sacchi”.

La Sampdoria se convierte en una excepción y las suyas son dos italianos, Vialli y Mancini, que al más puro estilo Graziani-Pulici del Torino, son los nuevos gemelos del gol, jóvenes que se complementan a las mil maravillas, capaces de jugar con los ojos vendados, Mancini aporta imaginación, último pase y habilidad, y Vialli, el atacante italiano de moda, es sinónimo de gol, remate, velocidad y potencia. De nuevo otro título, la Coppa de Italia del 88, en este caso contra el Torino de Cravero, Bergreen, Polster y un joven Lentini, confirman a un equipo listo para alcanzar nuevas cotas.

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El primero de ellos, no tarda en llegar y la Sampdoria, llega en 1989 a su primera final europea de la historia, la Recopa de Europa. Briegel, ha dejado su puesto en el equipo a un bregador mediocampista procedente del Barcelona llamado Víctor Muñoz y junto a el llega Beppe Dossena, un interior izquierdo que debe sumar su calidad a la de Toninho Cerezo compaginados por el trabajo de Pari y Salsano en el mediocampo genovés. Para llegar a la final, han quedado por el camino equipos como el Dinamo de Bucarest y el Malinas en semifinales. Un Malinas o Mechelen, actual campeón de la Recopa de Europa, con varios futbolistas holandeses como Erwin Koeman y Jhonny Bosman, además del israelí Eli Ohana, Trofeo Bravo en 1988 y el espléndido guardameta belga Michel Preud’Homme.

El estadio Wankdorf de Berna, es testigo de la final contra un F.C. Barcelona que acoge el primer año de Cruyff como entrenador y que tiene a la masa social revolucionada con su arriesgado 3-4-3. Zubizarreta en la portería, Alexanco como líbero, Milla-Amor, su pareja de canteranos en la manija del mediocampo, el rematador Lineker jugando por primera vez en su vida como extremo derecho y el discutido Salinas como delantero centro, son los puntos más llamativos del nuevo Barcelona. Sin embargo, la Sampdoria no llegó en las mejores condiciones a dicha final, las bajas por sanción del central Vierchowod y el lateral zurdo Carboni, más los problemas físicos del lateral derecho Mannini, el líbero y capitán Luca Pellegrini y la estrella Vialli, marcan un choque que empezó a decidirse a los dos minutos con un gol de Salinas tras gran jugada de Lineker y que se remató en una contra llevada por dos secundarios, Soler y López Rekarte, con gol de este.

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Aquella final, lejos de provocar una decepción, debe servir de base y experiencia para un equipo que comienza a terminar el diseño que le llevará a ser el mejor de Italia. Srecko Katanec, uno de los mejores medios defensivos de Europa, procedente del Stuttgart y Attilio “Popeye” Lombardo, un rápido interior derecho desde el Cremonese, completan definitivamente un equipo que en la temporada 1989-1990 se alzará, ahora sí con la Recopa de Europa. A ella ha llegado, gracias a su nueva victoria en la Coppa de Italia de la temporada 1988-1989, donde con Vialli-Mancini a la cabeza, arrasaron al Nápoles de Maradona. Y es que desde la llegada de Boskov, prácticamente no hay año en el cual la Sampdoria no gane un título.La principal piedra en el camino hacia la final de la Recopa de 1990 que se disputará en Goteborg, es el Mónaco en semifinales. Un equipo francés, dirigido por Arsene Wegner y que dos años antes había ganado la Liga francesa.

El guardameta Ettori, el polivalente lateral izquierdo Petit, el medio ofensivo marfileño Fofana y su pareja atacante formada por el liberiano Weah y el argentino ex del Inter Ramón Díaz, eran las principales figuras de un muy buen equipo. Sin embargo, la Sampdoria se deshizo con solvencia de los monegascos. Bajo la niebla de Mónaco, Vialli en dos ocasiones, colocaba el 2-2 que dejaba para la vuelta una ligera ventaja genovesa. En Marassi, Vierchowod, a la salida de un córner y Lombardo en un contragolpe, transportaban a la Samp, a su segunda final europea. El rival en el Ullevi de Goteborg, sería el Anderlecht, aunque esta vez, la Sampdoria, clara favorita, no iba a fallar.

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Aquel Anderlecht, era un buen y sorprendente equipo que había eliminado al Barcelona y que poco tenía que ver con el actual. Su entrenador era Aad de Mos, el mismo que dirigìa al Malinas, que un año antes había disputado la semifinal de la Recopa contra la Sampdoria. De Wilde, el suplente de Preud’Homme en la selección belga, era su portero. En defensa a pesar de que tenía la importante baja del marcador izquierdo holandés Adri Van Tiggelen, destacaba la colocación y calidad de Grun. El mediocentro era el yugoslavo, ex jugador del Real Madrid, Milan Jankovic y a su derecha sobresalía el islandés Gudjhonsen, mientras en la delantera destacaba una de las estrellas belgas de la época, el habilidoso y rápido Degryse.

El partido, no tuvo más historia que un ataque constante de la Sampdoria sobre la portería belga. Mancini, Vierchowod e Invernizzi, pudieron dejar resuelto un encuentro que entre las grandes actuaciones de De Wilde y la falta de puntería de otros, llegaba peligrosamente a la prórroga. Allí, acabó la resistencia del Anderlecht. Lombardo que había entrado en la segunda parte, se convirtió en un martillo por la derecha, y Vialli, tras el único error de De Wilde en el partido y rematando de cabeza un buen servicio de su pareja Mancini, colocaba el definitivo 2-0 que daba el primer título continental de la historia sampdoriana.

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Sin embargo, lo mejor aún estaba por llegar.Tras el Mundial de Italia 90, el Calcio, como había sido costumbre en la última década, se convirtió en un mercadeo constante de nombres y traspasos. Skhuravy y Branco al Genoa, Mikhailichenko a la propia Sampdoria, Baggio, Julio César y Hassler a la Juventus, Riedle al Lazio, Fusi y Martín Vázquez al Torino, Aldair a la Roma, Galli al Nápoles y Grun y Taffarel al Parma fueron los más destacados.

Precisamente, aquel Scudetto 1990-1991 significó el final de la era Sacchi en Milán y el adiós de Maradona a Italia tras su positivo por cocaína.Sin embargo y a pesar que la Sampdoria, no partía como la favorita para conquistar el título, Boskov, había hecho un equipo a su imagen y semejanza con futbolistas que llevaban varios años jugando juntos, que habían llegado jóvenes al club, procedentes de modestos como Varese, Bolonia, Como y Cremonese y que habían vivido el crecimiento de un equipo pequeño a grande. A su lado, extranjeros como Cerezo, desechados por sus antiguos equipos y agradecidos por la oportunidad dada, habían formado una familia que moría por la camiseta.

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Solidez, trabajo, contragolpe y definición, eran las palabras claves de la Sampdoria campeona del Scudetto 91. Pagliuca bajo los palos, asentado definitivamente como el futuro sucesor de Zenga en la azzurra, aportaba seguridad y reflejos. Mannini y Vierchowod, insustituibles para Boskov como marcadores, destacaban por su seguridad y contundencia. Cerezo, sobresalía por su elegancia y temple en un mediocampo trabajador, y arriba los dos estandartes del club, Mancini y Vialli, los gemelos del gol, imaginación del primero y remate del segundo, que se convirtió en la estrella de aquella Serie A, finalizando como máximo goleador.

Para aquella Sampdoria, el triunfo en el campeonato, radicó en las victorias en Milán, sobre sus dos principales adversarios, Milán e Inter. La primera de ellas, frente al equipo rossonero en los primeros compaces de la Serie A, significó el ascenso a la primera posición, y la segunda, frente a los neroazzurri, a falta de tres partidos, la sentencia casi definitiva.Para el Inter, el choque frente a la Samp, significaba su gran oportunidad de colocarse a un solo punto y aumentar la presión sobre una Sampdoria, inexperta en la consecución de Scudettos.

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Aquel partido, frente al Inter de Trappattoni, Zenga, Bergomi, Brehme, Mathauss y Klinsmaan, reflejó las grandes virtudes de una Sampdoria que agazapada atrás y liderada por un Pagliuca que hizo uno de los partidos de su vida, parando hasta lo imposible, incluso un penalty a Mathauss, hizo de la recuperación y el contragolpe los factores que gracias a los goles de Dossena y Vialli, dejaban el definitivo 0-2 que casi certificaba el campeonato. Tras ese triunfo y la derrota del Milán en Bari, todo estaba listo en un Marassi lleno hasta la bandera para que la “Samp”, obtuviera el primer Scudetto de su historia ante el modesto Lecce.

El 3-0 en media hora, con goles de Cerezo, Mannini y Vialli daba el título a la Sampdoria y significaba la culminación de un proyecto que nueve años antes, estaba en Serie B y que en 1991 seguía la senda de modestos triunfadores que habían empezado, Hellas Verona y Nápoles. El ciclo de Boskov en la Sampdoria, concluyò, llevando al club a la cúspide europea y disputando la final de la Copa de Europa un año más tarde frente al F.C. Barcelona. Aquel partido que terminó en derrota, supuso el final de Boskov que se marchó a la Roma y la estrella Vialli que lo hizo a la Juventus. Por el camino quedaron desde 1986, 2 Coppas de Italia, 1 Recopa de Europa, 1 Scudetto y 1 Supercoppa de Italia.

Vídeo del partido contra el U.S. Lecce que haría que el equipo “blucerchiato” ganara el Scudetto de la temporada 1990-91, el primer y único título de liga en la historia de la U.C. Sampdoria;

El Feyenoord campeón de Europa en 1970

Rotterdam fue fundado a mediados del siglo XIII después de que una presa fuese construida en el Río Rotte sobre el actual Hoogstraat y del cual deriva su nombre. Rotterdam recibió derechos municipales en 1340, y en 1360 se construyó una muralla defensiva en la ciudad. Entre 1449 y 1525 se construyó en la ciudad la iglesia de estilo gótico (la Laurenskerk), el único edificio medieval construido con piedra. Se trataba de un proyecto ambicioso, para una ciudad que tan solo tenía 1.200 casas, aunque la ciudad estaba destinada a desempeñar un papel importante en la historia de Holanda.

En 1572 Rotterdam fue saqueada por las tropas españolas. La ciudad contaba con 10.000 habitantes. Entre 1576 y 1586 un gran proyecto para la ampliación del puerto se llevó a cabo. Con lo que la ciudad obtuvo a partir de entonces un lugar importante en el comercio marítimo. En 1622, según el censo, la población había crecido hasta los 20.000 habitantes y a finales del siglo XVII se contabilizaban 50.000 habitantes. La ciudad empezó a extenderse más allá de las murallas aunque no evitó situaciones de hacinamiento hasta que en 1825 la ciudad se amplía lo suficiente para dar cabida al creciente número de habitantes.

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En el siglo XIX la posición de Rotterdam como puerto internacional se tambaleaba debido principalmente a la sedimentación del Mosa (uno de los ríos más importantes de Europa). Para contrarrestar este problema se excavó un canal entre Rotterdam y Hellevoetsluis cuyas obras finalizaron en 1830.Pero los barcos cada vez eran más grandes y profundos y el canal recién construido no cumplía con las exigencias del creciente comercio internacional. Se creó un ambicioso proyecto para una nueva conexión del puerto con el Mar del Norte.

Entre 1866 y 1872 un nuevo canal fue excavado, una nueva ruta marítima se había creado entre Rotterdam y Hoek van Holland. Es a partir de la construcción de este nuevo canal cuando el puerto experimento un rápido crecimiento. Rotterdam debe su progreso especialmente a su puerto y es algo de lo que sus habitantes no han olvidado aún. La ciudad se amplió entonces mediante la anexión de una serie de municipios de los alrededores y la construcción de nuevos barrios. Entre 1886 y 1895 los municipios de Delfshaven, Kralingen y Charlois formaban parte ya de la la ciudad de Rotterdam.

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Entre 1880, y el año 1900, la población creció al mismo ritmo que lo hacía su puerto de 160.000 habitantes se pasó a 315.000. Y en 1920 se registraban un total de 500.000 habitantes. El 14 de mayo de 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, casi todo el casco antiguo de la ciudad fue destruido durante un bombardeo alemán. Dos semanas tras el final de la guerra comenzó, sin demora, la reconstrucción de la ciudad. Rotterdam rompió radicalmente con su pasado. En 1954, se terminó la Lijnbaan, la primera calle comercial de Europa exclusivamente peatonal.

La Rotterdam actual es una oda a la arquitectura moderna. Para conectar el sur de Róterdam con el norte, donde se concentra el núcleo urbano, se construyó el Erasmusbrug, llamado así en honor al filósofo Disederio Erasmo de Róterdam. Las antiguas zonas del puerto fueron destinadas a zonas residenciales y de ocio. Los barrios Kop van Zuid y el Lloydkwartier son buenos ejemplos de ello, con sus espectaculares edificaciones y casas portuarias transformadas. Rotterdam, históricamente una ciudad portuaria, se ha convertido en un centro internacional.

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El Feyenoord Rotterdam es un club de fútbol de la ciudad de Róterdam, en los Países Bajos. Fue fundado en 1908 bajo la denominación de Feijenoord Rotterdam y juega en la primera división de la liga holandesa, la Eredivisie. El club juega de local en el Stadion Feijenoord con una capacidad para 51.577 espectadores. Su camiseta tiene la mitad izquierda blanca y la otra roja, y su pantalón es negro. Es el segundo club más popular de Holanda y el tercero en cuanto a títulos obtenidos tras el Ajax Ámsterdam y el PSV Eindhoven, además de ser el primer club holandés en conquistar la Copa Intercontinental, la Copa de Europa y la Copa de la UEFA.

Es uno de los cuatro equipos neerlandeses que nunca descendieron, aunque el único si se tienen en cuenta los torneos regionales desde 1898. El club fue uno de los fundadores de laEredivisie en 1956, de la que nunca descendió, y uno de los equipos que impulsaron el profesionalismo en el país. En su palmarés, el Feyenoord cuenta con 14 títulos de la Eredivisie, tres Supercopas de los Países Bajos, once Copas, una Copa de Europa y dos Copas de la UEFA. Además, es uno de los dos únicos equipos neerlandeses en consagrarse campeones del mundo.

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El punto más alto de su historia llegó a principios de la década de 1970, cuando se consagró campeón de la Copa de Europa y la Copa Intercontinental. A pesar de no pasar por un buen momento, el Feyenoord fue el último equipo neerlandés en conseguir un torneo oficial europeo, al consagrarse campeón de la Copa de la UEFA en la temporada 2001-02 en su propio estadio. Su última liga la obtuvo en 1999 y su último título oficial fue la Copa de los Países Bajos de la 2007-08. Posee una rivalidad histórica con el Ajax de Ámsterdam, con quien disputa el Klassieker, y con el Sparta Rotterdam, el eterno rival ciudadano.

Está fuera de discusión que el Ajax de Johan Cruyff  de los años 70 es el equipo holandés más importante de toda la historia del fútbol de los Países Bajos a nivel de clubes, y que ha dejado un recuerdo más imperecedero en la memoria futbolística del país neerlandés, pero, antes que ellos, sus eternos rivales de Rotterdam, el Feyenoord, tuvieron el honor de ser el primer club del país en ganar una Copa de Europa. Esta es la historia de aquel equipo que dio la sorpresa en Europa, donde “De club van het volk” (“El club del pueblo”, uno de los apodos del club) pondría el nombre de Rotterdam en la élite del fútbol continental.

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El equipo neerlandés vivió su época más gloriosa (pese a llegar de un primer lustro de la década de los 60 en la que ganó tres ligas y una Copa) de 1968 a 1974, período en el que conquistó tres ligas, una copa, una Copa de la UEFA, una Copa de Europa, y una Intercontinental. Su fuerza tuvo una parte de azar, ya que coincidieron buenos jugadores nacionales como Rinus Israël, Ruud Geels, o el portero Eddy Pieters Graafland, con grandes nombres como Willem van Hanegem, Wim Jansen, y un veterano Coen Mouljin en su última etapa como futbolista, que jugó diecisiete temporadas con los blanquirrojos y es considerado oficialmente el mejor jugador de la historia del club.

Pero también hubieron decisiones acertadas detrás, como la de fichar a dos extranjeros que marcaran la diferencia, uno para iniciar jugadas (el centrocampista austríaco Franz Hasil), y el otro, para finalizarlas en la red (el punta sueco Ove Kindvall), y la de poner el equipo a las órdenes de un técnico con mentalidad ganadora, Ernst Happel, que anteriormente había conseguido títulos en Austria, y posteriormente lo haría también en Bélgica y Alemania (con el Hamburgo, siendo el primer entrenador que lograba dos Copas de Europa con dos equipos diferentes). De hecho, Happel llegó en 1968, y se marchó en 1973, por lo que queda claro su peso en esta gran época del club de Rotterdam.

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Y todo empezó con el doblete de liga y copa de la temporada 1968-69. La siguiente campaña, el Feyenoord empezó por todo lo alto su trayectoria en Copa de Europa apabullando al K.R. islandés por un global de 2 a 16, eliminatoria en la que sus dos máximos realizadores de esa edición, Kindvall y Geels, “se pusieron las botas”: el primero consiguió cinco de sus siete goles totales en esos dos partidos, mientras que Geels, directamente, vivió de las rentas el resto de la competición, puesto que los seis tantos atesorados, que le permitieron ser tercero en la clasificación de goleadores, los anotó todos contra el equipo de Reikjavik.

Más importantes fueron los goles de Van Hanegem, puesto que, si bien dos de sus cuatro goles los marcó contra el K.R., uno de los otros dos sirvió para eliminar al A.C. Milan en una agónica segunda eliminatoria que empezó mal en San Siro, donde los de Rotterdam perdieron 1 a 0, y se pudo remontar 2 a 0 en el estadio De Kuip, gracias al gol de dicho jugador en el minuto 82, después de que Jansen inaugurara el marcador.

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Se notaba que era una edición en la que los grandes del momento no vivían su mejor año, puesto que el Benfica, el Real Madrid, o el propio Milan se habían quedado por el camino, y habían llegado a Cuartos de Final equipos con tan poca relevancia histórica en la competición continental como la Fiorentina, el Galatasaray, y el Frankfurter, F.C. Viktoria alemán (nada que ver con el Eintracht de Frankfurt, puesto que el más conocido de los dos es de Hesse, y este es de Brandenburgo), que fue rival de los holandeses en esa ronda.

Se volvería a repetir la película de Milan, perdiendo 1 a 0 en territorio germano, y ganando 2 a 0 en el partido de vuelta, logrando Henk Wery el tanto decisivo en el minuto 69. En semifinales eliminaron sin demasiados contratiempos al Legia de Varsovia, empatando a cero en el estadio polaco, y encarrilando, en la vuelta, el pase a la final durante la primera media hora (con -el- otro tanto clave de Van Hanegem en el minuto 3 de partido) con un 2 a 0 que terminaría siendo definitivo.

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En la final, que tuvo lugar en San Siro (un campo donde el Feyenoord lo había pasado mal esa misma temporada), se enfrentaron a un Celtic de Glasgow que había conseguido su primera (y única, a día de hoy) Copa de Europa tres años atrás contra el Inter de Milán, y partía como ligero favorito, aunque sólo fuera por su experiencia con estas grandes citas. Los escoceses se adelantaron en el minuto 30 con un tanto de su líbero Tommy Gemmell, pero, dos minutos después, el también defensa y capitán del equipo holandés Rinus Israël neutralizaba el resultado.

Se llegó a la prórroga con casi los mismos veintidós hombres que habían empezado el partido (sólo hubo un cambio por parte del Celtic, y los blanquirrojos no realizarían uno hasta el minuto 105), y, a falta de cuatro minutos para llegar a la tanda de penaltis, Kindvall consiguió el gol más importante de su vida en el minuto 116. Terminó el partido, y el Feyenoord se convirtió en el primer club neerlandés en conquistar una Copa de Europa.

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A finales de ese año, el equipo aprovecharía también la ocasión histórica que les brindó el haber ganado el título europeo para poder competir por la Copa Intercontinental, venciendo a Estudiantes de la Plata a doble partido, el primero jugado en Buenos Aires y con empate a 2 final, y el segundo en Rotterdam con victoria local por 1 a 0, con tanto de un defensa suplente, Joop van Daele. Aunque poco le duraría el regodeo a sus seguidores respecto a los del Ajax (su rival histórico en los Países Bajos), porque, esa misma temporada, Cruyff y compañía empezaron a arrasar en casa y en el continente.

Con la marcha de Happel, la salida de hombres como Kindvall o Geels, y la retirada del idolatrado Mouljin, la plantilla aún pudo aprovechar la dinámica competitiva durante la temporada 1973-74, en la que ganó la Liga y la Copa de la UEFA, pero, tras estas últimas alegrías, el equipo volvió a su posición de equipo importante menor, tanto en Holanda (hace casi 20 años que no conquista una liga, y su último título es la Copa de la campaña 2007-08) como en Europa (siendo la Copa de la UEFA de la temporada 2001-02 su único trofeo continental desde 1974).

Vídeo de la final de 1970 diputada en San Siro donde el Feyenoord conquistaría su primera y única Copa de Europa;

El Zaragoza campeón de la Recopa en 1995

Zaragoza es una ciudad que comenzó a ser poblada allá por el siglo VII a.C, si bien se tiene constancia por restos encontrados de habitantes en la edad de Bronce. La ciudad se fundó en el 24. a.C por los romanos, en concreto se llamó Caesaraugusta en honor a César Augusto. Iberos,romanos, musulmanes, judíos y cristianos han dejado huella de su paso por la capital aragonesa.

Aunque las primeras noticias de historia de Zaragoza, nos hablan de un poblado ibérico llamado Salduie o Salduba, el desarrollo principal de la actual ciudad de Zaragoza y una de sus épocas más doradas, fue una colonia creada por los romanos, en el año 24 a.C., llamada Caesar Augusta en honor al César. A este origen se debe el trazado urbanístico del casco antiguo y su primer perímetro (el denominado ‘Coso’).

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Más tarde, en el siglo VIII, Zaragoza se convirtió en un centro musulmán muy importante llamado Medina Albaida Sarakosta. Los Banu Qasi, procedentes de la ciudad catalana de Lérida, la convirtieron en capital de su reino taifa. En el año 1118, el rey Alfonso I “el Batallador”, la conquistó y la convirtió en la capital del famoso y poderoso Reino de Aragón, este período llenó a Zaragoza de poder y riqueza. En el siglo XV se incorporaron a la ciudad los arrabales de labradores de San Pablo y de pescadores de las Tenerías. Durante el reinado de Fernando el Católico se fundó la universidad y se construyó la Lonja.

En el siglo XVIII, al perder Aragón sus fueros por los decretos de Nueva Planta durante el reinado de Felipe V (el primer borbón de la corona española), la ciudad dejó de ser sede de importantes instituciones del Reino de Aragón. Durante la guerra de la Independencia (1808-1814),período trágico para la ciudad, dónde vivió una de sus peores épocas, Zaragoza resistió el asedio de las tropas francesas.

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A finales del siglo XIX se convirtió en el foco de una fuerte inmigración rural atraída por el reciente proceso de industrialización de la ciudad. Inmigración que devolvió a la ciudad, tiempos de bonanza y crecimiento. Zaragoza actualmente es la capital de la comarca de Zaragoza, de la provincia homónima y de Aragón. Está situada a orillas de los ríos Ebro, Huerva y Gállego y del Canal Imperial de Aragón, en el centro de un amplio valle.

Su privilegiada situación geográfica la convierte en un importante nudo logístico y de comunicaciones; se encuentra a unos 300 kilómetros de Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao y Toulouse. Parte de su término municipal está ocupado por la Reserva natural dirigida de los Sotos y Galachos del Ebro. Es la quinta ciudad española más poblada con 701.887 habitantes y concentra más del cincuenta por ciento de los habitantes de la Comunidad Autónoma de Aragón.

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El Real Zaragoza es el club de fútbol profesional de la ciudad de Zaragoza, en Aragón, que actualmente milita en la Segunda División de España. Fue fundado en 1932 con la unión del Iberia, S.C. y del Zaragoza C.D., los dos clubes más importantes de la ciudad en aquel tiempo. El origen se encuentra en 1903 con la creación del Zaragoza Foot-Ball Club, antecesor del Real Zaragoza actual. El mejor equipo en toda la historia del club maño, fue aquel mágico conjunto que hizo gozar a toda la capital aragonesa a mediados de los años 90. Esta es la historia de aquel inolvidable equipo zaragocista que conquistó la Copa del Rey en 1994 y la Recopa de Europa en 1995.

El 4 de marzo de 1991, el Real Zaragoza empataba en La Romareda ante el Español, y debido a los malos resultados y juego del equipo, el entrenador Ildo Maneiro presentaba su dimisión y era sustituido por un jovencísimo Víctor Fernández, que a sus 30 años pasaba de dirigir al filial zaragocista a tomar las riendas del primer equipo en una situación complicada. El equipo se salvaría del descenso en la agónica promoción que enfrentó al Real Zaragoza y al Real Murcia. A partir de ese momento, el equipo empieza a crecer y a asumir la filosofía de fútbol de Víctor Fernández, que enseguida se empieza a ver apoyada por los resultados.

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En la temporada 1992-1993 se alcanzaba la séptima final de Copa del Rey de la historia del club maño. El 26 de junio el Real Zaragoza se enfrentaba en el estadio Mestalla de Valencia al Real Madrid y el equipo caía por 2-0, muy molesto con el arbitraje de Urío Velázquez, por lo que se conjuraba para al año siguiente devolver la Copa a la afición aragonesa. Finalmente, en 1994, La Romareda alcanzó su aspecto actual tras la reforma que sirvió para que todas las 34.596 localidades fuesen de asiento.

El conjunto zaragocista continúo exhibiendo un juego reconocible y, después de quedar terceros en el Campeonato Nacional de Liga, el 20 de abril del año 1994, el Real Zaragoza se desquitaba del mal recuerdo de la final copera del año anterior y se proclamaba campeón de la Copa del Rey en el Estadio Vicente Calderón de Madrid frente al Celta de Vigo. El partido, que fue muy igualado, no se decidió ni en el tiempo reglamentario, ni en la prórroga, por lo que llegó la tanda de penalties y mientras el defensa céltico Alejo fallaba su penalti, el “Paquete” Higuera metía el último y llevaba la cuarta Copa de España a las vitrinas de La Romareda.

El Zaragoza campeón de la Recopa

El Real Zaragoza cerraba así una de las temporadas más brillantes en la historia deportiva del club, clasificándose para disputar en la temporada siguiente la Copa de Europa de Clubes Campeones de Copa (la extinta Recopa de Europa). En la temporada siguiente el Real Zaragoza conquista brillantemente el título europeo, al eliminar al Gloria Bistrita, al Tatran Presov, al Feyenoord, al Chelsea y vencer en la final al que era el vigente campeón, el Arsenal, F.C..

La final de la Recopa, que se celebró el 10 de mayo de 1995 en el Parque de los Príncipes de París, fue muy igualado y el marcador no se movió hasta que Juan Eduardo Esnáider lanzaba un impresionante disparo desde fuera del área que se colaba por la escuadra de David Seaman, el meta inglés. Enseguida empataban los londinenses y las tablas daban lugar a la prórroga, pero cuando ya todos pensaban en los penalties, en el último segundo de la prórroga Mohamed Ali Amar “Nayim”, desde casi el centro del campo, mandaba un zapatazo indescriptible que se colaba en la meta inglesa de un Seaman que se quedaba en el suelo sentado durante segundos después de que el balón hubiera besado la red, preguntándose que había sucedido, y que llevaba la Recopa hasta Zaragoza.

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Los míticos jugadores que conformaban aquel Zaragoza campeón y que habían sido el once inicial de la final de París (los Cedrún, Belsué, Aguado, Cáceres, Solana, Aragón, Nayim, Poyet, Pardeza, Higuera y Esnáider) no se lo podían creer, pero el equipo maño sería campeón de la Recopa por primera vez en su historia, y ellos estaban ansiosos para que el árbitro italiano Ceccarini pitara el final de la prorróga, y así poder dirigirse hacia el Kop of Boulogne del Parque de los Príncipes de París para celebrar el resultado con todos los miles de zaragocistas desplazados hasta la capital francesa, comandados por los ultras blanquiazules del “Ligallo Fondo Norte”, que habían movilizado a centenares de miembros hasta la final, y que por aquellos años pasaban por su mejor época.

Histórico el momento vivido por toda la afición zaragocista en aquel 10 de mayo de 1995 en el estadio Parque de los Príncipes de París ante 43.000 espectadores. Episodio grabado a fuego en la memoria del hincha blanquiazul, y que será recordado durante generaciones.

Vídeo-resumen de la Final de la Recopa de la temporada 1994-95 en la que el R. Zaragoza haría historia en Europa;

El Aston Villa, F.C. campeón de Europa en 1982

El Aston Villa Football Club (también conocido como “The Villa” o “The Villans”) es un club de fútbol de Inglaterra, Reino Unido, que juega en la F.A. Premier League inglesa. Su sede está situada en el barrio de Aston, en la ciudad de Birmingham, en el condado de West Midlands. Fue fundado en marzo de 1874, y desde 1897 juega como local en el estadio Villa Park. El Aston Villa fue miembro fundador de la Football League en 1888 y de la Premier League en 1992.

Es uno de los equipos más antiguos y laureados de Inglaterra,Reino Unido, habiendo ganado 7 la First Division Championship (la máxima categoría del fútbol inglés hasta 1992) y otras 7 la F.A. Cup (la Copa de Inglaterra). También ganó en 1982 la Copa de Europa, siendo uno de los 5 únicos equipos ingleses en haberlo logrado. Todo esto hace que sea considerado como el cuarto equipo inglés con mayor número de trofeos importantes ganados (por detrás del Liverpool, F.C., el Manchester United, F.C. y el Arsenal, F.C.). El título de Copa de Europa logrado por el “Villa” en 1982, es el mayor hito de la historia del club, esta es la historia de aquel sorprendente equipo.

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Tras casi medio siglo sin lograr quedar entre los tres primeros de la First Division (hasta 1992, la primera división del fútbol inglés), los “Villanos” dieron la sorpresa y se coronaron campeones de la edición de 1980-81, su séptimo y último título liguero, y el primero que lograban desde el año 1910. La clave estuvo en el rendimiento que Saunders había logrado extraer de una plantilla sin ninguna “estrella” reconocida hasta aquella fecha, pero llena de jugadores aplicados en la defensa y el centro del campo (los cuales, además, llevaban como mínimo tres años jugando juntos) y una delantera (Gary Shaw, Tony Morley, Peter Withe) efectiva.

Con estas armas, y conquistada su primera Charity Shield (Supercopa de Inglaterra) ese verano (compartida con el Tottenham, ya que hasta 1993 los partidos que terminaban en tablas no se desempataban),debutó el Aston Villa en Copa de Europa la campaña 1981-82, en la que otro equipo inglés, el Liverpool, también competía al ser el vigente campeón del torneo. El primer rival de los “Villanos” fue el flojo Valur islandés, eliminado por un global de 7 a 0 (y con Shaw y Withe haciendo un doblete, y Morley también estrenando su cuenta goleadora).

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El siguiente rival ya no fue para nada un paseo: el Dinamo de Berlín, por entonces clasificado de la Alemania Oriental, empezaba una etapa de dominio en su campeonato (por esas fechas, llevaba tres trofeos), pues encadenaría hasta diez títulos de liga entre finales de los años 70 y prácticamente toda la década de los años 80. La ida, disputada en territorio germano, terminó con un fantástico 1 a 2 para los británicos gracias a dos tantos de Morley, mientras en la vuelta tocaría sufrir, ya que los de la RDA se adelantaron en el minuto 15, y, de haber conseguido otro tanto, el “Villa” habría quedado eliminado. No fue así, y los hombres de Saunders pasaron a cuartos de final gracias al doble valor de los goles a domicilio.

Pese a su buen hacer europeo, el equipo naufragaba en la First Division, situado en la mitad de la clasificación. Para acabar de enrarecer la situación, Saunders rescindió su contrato a principios de febrero debido a desacuerdos contractuales con la Junta del club, por lo que el segundo entrenador, Tony Barton, se tuvo que hacer cargo de la plantilla. En marzo, pues, y con la situación inestable que se vivía en Birmingham, llegó el cruce de cuartos, en el que el “Villa” se encontraría a un asequible (sobretodo teniendo en cuenta que podían haber tocado otros rivales clasificados más fuertes; Anderlecht, Liverpool, y Bayern de Munich) Dinamo de Kiev. El primer partido terminó en empate a cero, y en la vuelta, disputada en el Villa Park, los “Villanos” resolvieron el encuentro con dos goles en la primera mitad.

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En semifinales ya no existía la suerte (aunque se había clasificado para ellas el CSKA de Sofía, equipo que dio no pocos quebraderos de cabeza al Bayern de Munich, en Bulgaria, 4 a 3 para los locales), y tocó superar al Anderlecht. Por aquel entonces los belgas contaban con los holandeses Arie Haan y Wim Hofkens, así como el veterano Ludo Coeck, Franky Vercauteren, o el danés Morten Olsen.

La ida se jugó en Inglaterra, con el Anderlecht encerrado atrás, y un gol de Morley a los 27 minutos de partido, que permitió a los ingleses visitar el Constant Vanden Stock con una mínima renta a favor. El encuentro disputado en Bélgica, que terminó con empate a cero, fue más noticia por los incidentes en las gradas, el salto al campo de un hincha inglés (por el que los “Villanos” fueron sancionados con la disputa de un partido como local a puerta cerrada), y por el amago de invasión del terreno de juego de los supporters belgas, que por el propio partido de fútbol.

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Así pues, el “Villa” seguía su trayectoria errática en liga (terminaría undécimo, ganando los mismos partidos que perdió, quince, de un total de cuarenta y dos), pero había logrado plantarse en la final de Copa de Europa que se disputaría en Rotterdam. Allí se enfrentaría a un Bayern de Munich que, pese no tener el potencial arrollador de mediados de los años 70, era aún muy poderoso, con Rummenigge y Hoeness en gran estado de forma (máximos goleadores del campeonato con 7 y 6 goles, respectivamente), igual que un veterano Breitner (tercero con 5 tantos) que se retiraría esa temporada.

El partido no podía empezar peor para los británicos, ya que Rimmer, su guardameta, se lesionó en el hombro en el minuto 9, y tuvo que ser sustituido por el inexperto (sólo había disputado un partido con el Villa) Nigel Spink, quién, sin embargo, se lució durante el monólogo atacante alemán de los 81 minutos restantes, repeliendo muchas de sus constantes ocasiones de gol (incluso el defensa Kenny Swain sacó bajo los palos un balón). En el minuto 67, sin embargo, Peter Withe lograría el definitivo 1 a 0 tras rematar a bocajarro un centro raso de Morley al corazón del área, tras una fantástica jugada individual de éste, que mareó al central Hans Weiner.

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A tres minutos del final, se anuló legalmente un gol a Hoeness, igual que no lo era el que no subió al marcador de los “Villanos” en el descuento, por parte de Gordon Cowans. Pitido final, y el Aston Villa que conseguía su primera Copa de Europa (y el sexto trofeo consecutivo de Copa de Europa para un equipo inglés).

La temporada siguiente, se decidió seguir confiando en Tony Barton como técnico principal, y se consiguió mantener a todo el once titular. A mitad de campaña el equipo conquistó la Supercopa de Europa ante el F.C. Barcelona (1 a 0 en el Camp Nou, y 3 a 0 en el Villa Park, jugando prórroga), pero perdió la extinta Copa Intercontinental por 2 a 0 ante el Peñarol de Montevideo en el partido disputado en Tokio.

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En la First Division, consiguieron clasificarse para disputar la Copa de la UEFA al quedar sextos, mientras que en la Copa de Europa cayeron sin opciones en los cuartos de final ante la superior Juventus de los Platini, Zoff, Rossi, Scirea, etc, que ganó ambos encuentros de la eliminatoria. Desde entonces, el Aston Villa, F.C. no ha ganado ningún título más ni ha vuelto a jugar la Copa de Europa.

Vídeo de la final de la Copa de Europa de 1982, donde los “Villanos” entrarían en las páginas de oro de la historia futbolística, al ganar el máximo torneo continental;